En su origen brazo armado de los tribunales islámicos, expulsados de Mogadiscio en diciembre de 2006 por las tropas gubernamentales y las autoridades etíopes, el grupo de los "Jóvenes combatientes" se ha convertido poco a poco en una temible máquina de subversión, en territorio somalí. Rechazando la línea "política" adoptada por los dignatarios islamistas exiliados en Eritrea, se ha escindido y organiza ataques mortíferos contra el gobierno de transición, y sus aliados. También dirige una campaña de terror y asesinatos premeditados, que apunta a los miembros más eminentes de la sociedad civil somalí, según él culpables de servir a los intereses de los “Cruzados”. Desde su creación, los “Jóvenes mujaidines”, que con frecuencia emplean a adolescentes por encima de toda sospecha como asesinos a sueldo, han matado a decenas de maestros, profesores universitarios, médicos y, al menos, a tres periodistas.